La forma de gobernar que instaló Piñera: ¿personalismo o nuevo estilo?
A casi dos meses de su debut como presidente de la República, Sebastián Piñera ha debido tomar una serie de decisiones que bien podrían entenderse bajo la óptica de la tan comentada “nueva forma de gobernar”, pero a la luz de la trayectoria política y empresarial del mandatario, evidencian que son determinaciones que bien podrían responder más bien a su carácter y personalidad.
Los hechos hablan por sí solos. El mecanismo de la depreciación acelerada, una promesa de campaña, formaba parte del plan de financiamiento de la reconstrucción hasta que el mismo Piñera decidió excluirla. Durante la campaña anunció que su gobierno sería de decisiones y no de comisiones; a la fecha ya van tres de estos grupos de trabajo. Y no es todo. A los pocos días de haberse instalado en La Moneda, el gobierno anunció que el Diario La Nación se mantendría vigente; la semana pasada el mandatario se abrió directamente a la posibilidad de venderlo.
Praxis y política
Quienes conocen al mandatario desde hace más de 20 años, no tienen problemas en admitir que si bien Piñera es un hombre “extremadamente inteligente, con una memoria privilegiada, competitivo y pragmático”, también –dicen- es una persona muy “individualista, que no sabe delegar”.
Ambos rasgos le han valido para desempeñarse con éxito en el mundo de los negocios, no es igual en el ámbito político, porque si bien –dicen - logró convertirse en Jefe de Estado, le ha sido más difícil cultivar afectos, ya sea generando liderazgos o formando a jóvenes en la política. Un ejemplo de lo anterior lo demuestra cuando le pidieron en 2005 que dejara la presidencia de RN: “nadie lo defendió”.
El presidente “no ha cambiado el chip de gerente donde son otros los criterios que se imponen, a diferencia de la cosa pública donde la palabra y el compromiso empeñado tiene un valor en si mismo”, advierte el senador Ricardo Lagos Weber.
Agrega que Piñera no visualiza el costo político que tienen sus decisiones, “sigue desempeñándose como alguien que administra y que no está expuesto al escrutinio público, de lo contrario habría vendido LAN como dijo, antes de asumir el gobierno”, sentencia.
En la misma línea, un analista político que optó por mantener su privacidad, afirma que “dada la decisión del gobierno de mostrar mayor autonomía y distancia respecto de los partidos que lo acompañan, a diferencia de la tradición concertacionista”, es que la administración de Piñera se ha vuelto más populista y por lo mismo, el presidente “está dispuesto a hacer sacrificios incluso desde el punto de vista de su convicción ideológica, para agradar al electorado”.
A ello se ha sumado la baja que sufrió la imagen del mandatario en la última encuesta Adimark, cayendo dos puntos en su nivel de aprobación y aumentando 13 en el rango de desaprobación.
“El ha sentido muy dura esta baja de popularidad”, por lo que dejar fuera la depreciación acelerada responde a ese patrón, donde midiendo el costo político, se trata de “ser súper audaz en beneficio ciudadano, y porque además está preocupado de consolidar la imagen de la persona Sebastián Piñera más que el proyecto de la centro derecha”, dice el analista.
Los riesgos
Desde la perspectiva del cientista político Alfredo Joignant, en tanto, el estilo del gobierno de los mejores y de la excelencia, ha terminado transformándose en “un estilo ambiguo” ante una realidad política con un Senado que no comparte esa forma de gobernar.
Por lo mismo, advierte ciertos riesgos que van desde el descontento de su propio sector –la UDI ya le ha notificado su molestia en más de una ocasión en lo que va de gobierno-; a resultados “más peligrosos” como “un desgaste de la figura presidencial y una erosión de la popularidad tanto del mandatario como del gobierno”. Aunque todo está por verse.
Más optimista, pero también más cercano al presidente, el senador Francisco Chahuán, asegura que con sus decisiones Piñera “ha demostrado que escucha y que está generando lealtades para lograr acuerdos, que a la larga le permitan trascender su mandato para entregarle la banda el 2014 al alguien de sus filas”.
Advierte que el mandatario no tiene prejuicios en encabezar una gestión “desideologizada” en los momentos que así se requiera. Por lo mismo, agrega, desempeñará su función combinando pragmatismo con decisiones de carácter político.
Es el estilo de un gobierno aún en proceso de instalación, dicen algunos, que ha tenido que enfrentar una emergencia del tamaño del terremoto del 27 de febrero y, como consecuencia, modificar lo que tenían preparado tras meses de trabajo en el comando electoral: un programa de gobierno que debía ser “bajado” a terreno, con objetivos y plazos definidos, en cada una de las carteras ministeriales. Habrá aún que esperar.
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